PROYECTO FANDANGOS
Joropo Son JarochoENCUENTRO DE TRADICIONES DEL FANDANGO EN EL CARIBE, MEXICO, VENEZUELA Y COLOMBIA
Grupo Chuchumbé y el Piano Llanero de Claudia Calderón.
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La tradición llanera de Venezuela y Colombia así como la tradición jarocha de Veracruz, México, tienen fuertes raíces comunes en elementos hispánicos llegados durante siglos de colonización y diseminados por toda la cuenca del Caribe. Encontramos un fuerte parentesco con el Fandango y el Flamenco español y sus variantes, así como con otras formas ibéricas como las Folías, Malagueñas y Peteneras.
El Son Jarocho, al igual que el Joropo, nace del mestizaje entre la sangre africana, la indígena mexicana y la española. El término "jarocho" se utilizaba antiguamente para nombrar los hijos nacidos entre un africano y una india.El Joropo, como fiesta popular y manifestación artística incluye música, danza, poesía y canto. De la misma manera, el Son Jarocho se expresa a través de versos, canciones, zapateados y fandangos que mantienen viva una tradición colectiva. Los rasgos comunes son indiscutibles, manteniendo una idiosincracia propia en cada región. El Joropo se mantiene como una fiesta en el ámbito rural, pero en su aspecto instrumental, se ha desarrollado fuertemente en el mundo urbano, gracias a una amplísima discografía y proliferación de grupos, festivales, concursos, etc. Además en Venezuela el Joropo es emblemático de la identidad nacional, mientras que en Colombia representa la cuarta parte del territorio. A nivel interpretativo, se ha desarrollado como una música para solistas, siendo lo propio el conjunto clásico de arpa (o bandola), cuatro, maracas y voz (o dúo de contrapunteadores).
El son jarocho, por el contrario, se expresa como un fenómeno colectivo; a un grupo de ejecutantes alrededor de una tarima, pueden sumarse otras personas interpretando la misma cadencia armónica y rítmica e integrarse al canto y al baile, ya que se mantiene una estructura de grupo abierto y no se trata en esencia de música para solistas. Esto hace que a veces se encuentren tocando un mismo Son, músicos profesionales con otros aficionados e incluso niños. También el Fandango jarocho conserva un carácter ritual, una duración sin medida en el tiempo, creando un clima muy peculiar de comunión entre los participantes. También ha surgido recientemente un auge de grupos, grabaciones y festivales que han fortalecido esta tradición y consolidado su presencia escénica a nivel de espectáculo, especialmente en el Edo. de Veracruz en México y en el Sur de los EEUU. La transparencia de su armonía y el arcaísmo de algunas de sus formas dan la base para hacer variaciones sobre los textos de las canciones, más que sobre el discurso musical. Se repiten algunos textos antiguos a los que se suman nuevas letras sobre las mismas estructuras.
Así como la música, los instrumentos de ambas tradiciones son similares. El cuatro encuentra su paralelo en la jarana, instrumento de mayor tamaño que cumple la misma función de acompañar el canto dentro de estructuras similares. También el arpa está presente en ambos casos y existen ciclos armónicos muy parecidos y ritmos iguales. Lo que cambia fundamentalmente es la velocidad y el carácter de la música. Observamos en el Son Jarocho un tempo más reposado, más cadencioso, más dulce y una lírica de gran altura poética que recuerda el estilo galante y austero del Siglo de Oro español, manteniéndose indisolublemente ligado al canto, la poesía y siendo el aspecto instrumental complementario o secundario.
Por otra parte, el Joropo nace a galope tendido, es un grito al aire libre frente a una sabana infinita; a pesar de la clara consolidación de sus formas, mantiene un espíritu salvaje, indómito, bien llamado "recio". El Joropo es rápido, lleva un ritmo a veces frenético, pulsa sus cuerdas de manera percusiva y prefiere letras directas fuertemente arraigadas en los elementos regionales y nacionalistas. En el aspecto instrumental, es muy elaborado; sobre formas y ciclos armónicos largos y complejos, se desarrollan variantes instrumentales y tímbricas de gran colorido y virtuosismo individual.
Pero igual se tocan estas dos tradiciones hermanas, se encuentran los mismos ecos en el Siquisirí que en el Seis por Derecho, o en el Seis Numerao que en el Buscapiés, hay reminiscencias de Polo Margariteño en las Peteneras y del Cascabel en el Pajarillo.***
Siguiendo estos ecos y buscando caminos de acercamiento, diálogo
e interacción, me permito proponer un proyecto de integración
Venezuela/Veracruz, para nutrir procesos creativos y crear lazos de fraternidad.
Como creadora del Grupo Piano Llanero, y en el deseo de ampliar nuestro espectro
cultural hacia otras manifestaciones afines en el Caribe, propongo la invitación
del reconocido grupo de Son Jarocho Chuchumbé, para iniciar un intercambio
cultural con la música del joropo colombo-venezolano. Este grupo de músicos
integrado por una bailadora y seis instrumentistas, entre ellos dos cantantes
repentistas improvisadores, quieren ofrecer un concierto mostrando lo mejor
de su tradición y revelando la semejanza profunda entre los géneros
del Son Jarocho de México y el Joropo de Venezuela y Colombia.
Para integrarlos a nuestra música llanera colombo-venezolana, proponemos
un concierto donde alterne el Grupo Chuchumbé con el grupo Piano Llanero,
integrando los músicos mexicanos veracruzanos con los llaneros criollos,
en un verdadero contrapunteo histórico.
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